Concierto de José Ignacio Lapido en la sala Sol de Madrid. [10/12/2010]
Necesitaba algo de tiempo para atreverme a trasladar mis impresiones sobre lo que viví al papel. Uno es consciente de la importancia del momento en tales menesteres. La forma apenas cambia, y en todo caso lo haría independiente al hecho en cuestión ya que depende única y exclusivamente de una elección personal propia. Sin embargo el fondo o contenido... ahí sí que el momento lo es todo. Momentos privilegiados y momentos perfectos. Para mí de lo mejor de La náusea de Sartre, y que tanto suelo aplicar a la hora de analizar lo vivido. Entonces, decía, el momento lo es todo. El privilegio, también, como algo propio, y la perfección -¿acaso existe?- ajena y condicionada a dicho momento que en lo temporal se circunscribe a casi cerca de treinta canciones (mis cuentas están entre veintisiete y veintinueve) de las cuales once pertenecen al disco que José Ignacio Lapido presentaba esa noche del diez de diciembre en la sala Sol de Madrid.
Cartel de entradas agotadas antes de abrirse la taquilla. Buen presagio. La inevitable fidelidad se mantiene e incluso se incrementa. No importa que el impulso "oficial" mediático siga siendo apenas inexistente -lamentable lo de Metrópoli- ya que cuando algo interesa en su esencia u objeto, sin necesidad de artificios, envolturas, apariencias... tanto el interesante como el interesado acaban encontrándose. Lo paradójico es que uno sigue convencido de que el número de interesados sería mucho mayor en proporción, cuanto menos aritmética, a la facilidad de serlos. La oferta en este caso satisface plenamente a la demanda, pero carece de oportunidad para aumentarla por sí misma, así como esa demanda tampoco podrá aumentar significativamente para provocar un incremento de la oferta hasta que ésta -volvemos a lo de antes- disponga de una mayor posibilidad de darse a conocer para que esa demanda, entonces sí, aumente proporcionalmente.
La pescadilla que se muerde la cola. Lo significativo es la actitud de quien en este caso sufre este hecho, y el cómo lo refleja en la temática de su obra. Lori Meyers -cuya música también me interesa- actuaron en La Ribiera (¿al menos diez veces mayor que la sala Sol?) al día siguiente. Desconozco la entrada registrada. A Lori Meyers los pude disfrutar en el festival Low Cost, y tuve la posibilidad de hacerlo al menos otras cinco o seis ocasiones en escenarios similares. ¿Cuándo sucederá lo mismo con Lapido?
Primera canción del concierto. "Paredes invisibles" Nada mejor que dejarlo bien claro desde el comienzo con una espectacular declaración de principios. Su voz acompañada únicamente por el piano y algún que otro acorde de guitarras durante casi los dos primeros minutos de la canción, para al llegar a la tercera estrofa unirse el resto del grupo haciéndose notar progresivamente, y marcando un solo final de casi dos minutos tras la cuarta y última estrofa, en donde se demuestra que el grupo ha alcanzado un nivel altísimo de virtuosismo y coordinación que forman la mezcla explosiva perfecta para no dejar indiferente prácticamente a nadie que asista a tan sublime espectáculo.
Genial comienzo. "Paredes invisibles que hay entre el mundo y yo/ barreras que no quise atravesar". Me quedo con el "no quise" y, egoístamente, celebro el poder disfrutar de un concierto de Lapido en un reducido espacio como la sala Sol, en lugar de recintos mucho más amplios e inevitablemente distantes.
El concierto continuó con "No digas que no te avisé", canción perteneciente al disco En otro tiempo, en otro lugar, publicado hace cinco años. Un tema sobresaliente, destacando de nuevo los instantes en que el grupo conseguía interpretar al unísono, en una perfecta compenetración, las notas y acordes memorables de tan exquisita composición, culminando en el intenso coro final de voces entonando el ya famoso "avisé" propagado a través de toda la sala. Después se sucedieron más canciones de ese disco, intercaladas con alguna otra del nuevo, y donde de nuevo era evidente el gran estado de forma de la banda y de Lapido, que literalmente bordaban cada canción a un ritmo vertiginoso. Así se sucedían vibrantes y pletóricas escenas de electricidad ("Lo creas o no", "Más difícil todavía") entre temas más lentos y pausados ("Cansado", "En medio de ningún lado") junto a sus ya célebres "medios" tiempos que en directo cobran más intensidad y, sobre todo, se presentan deliciosamente pegadizos de ritmo vocal y eléctrica potencia. "Vuelta a empezar", "La hora de los lamentos", "Antes de morir de pena"... son claros ejemplos de ello, aunque sobre todo me quedo con una: "Sueños que dejamos ir", sencillamente apoteósica. Canción que si en estudio ya te atrapa, en directo Lapido logra darle un nuevo golpe de tuerca en vatios e intensidad, de forma que en unos minutos, todos ya sabíamos que a pesar de la lejanía, los precipicios, temporales, llantos, lágrimas, rendiciones, fallos... que nos depare la realidad, siempre contaremos con benditas válvulas de escape -como en este caso la música- para poder finalmente resistir.
Desgraciadamente no he encontrado vídeo del concierto en Madrid, pero sí uno del concierto que dio el día anterior en Málaga, cortesía de joseleherguido, y que suena así de bien:
Olvidé anteriormente comentar que me sorprendió un tanto el intercambio de temas inicial entre su nuevo disco y En otro tiempo, en otro lugar, antecesor de un Cartografía hasta el momento (primeros seis, siete, u ocho o más temas) olvidado. Cierto que su cercanía temporal (2008 y la gira posterior de conciertos donde era claramente protagonista como ahora lo es De sombras y sueños) obligaban en cierto modo a ello, y por eso nada más aparecer los acordes de "En el ángulo muerto", la inicial sorpresa se transformaba en sincera devoción al comprobar que lo que ayer era una grandísima canción, hoy se hace más enorme aún, y mañana seguramente se hará más inmensa todavía, al igual que ese "Cuando el ángel decida volver" que interpretó mucho después, o el impagable momento de un "Algo me aleja de ti" con un Raúl Bernal soberbio, junto al resto del grupo, deleitándose en la melodía, y dejándonos maravillados y rendidos, sin olvidar que antes o después (ya no me acuerdo) "Nunca se sabe" nos hizo girar ante tanta explosión eléctrica de un corazón entregado a la música -hoy igual que ayer- al que es justo y conveniente agradecerle el que -por o a pesar de todo- siga ahí una vez más al pie del cañón ofreciéndonos su arte, y consiguiendo hacernos felices interpretando sus creaciones.
Música celestial, sin duda alguna, aunque formalmente quedara relegada a un solo tema bestial, "Nadie besa al perdedor", regalándonos a cambio el "Luz de ciudades en llamas" con el añadido de la hipnótica "En tu mente" que muchos años después sigue sonando genial. Otro regalo ya más habitual -aunque no por ello menos deseado- fue el de "Me voy" que la verdad aún siendo el mismo tema siempre me parece que lo toca diferente, dejándome literalmente alucinado. Y para completar el repaso a su discografía, "Ladridos del perro mágico", única canción que interpretó de su primer disco homónimo, y que nunca me cansaré de escuchar, tal vez porque contiene algunos de los versos más logrados por este magnífico compositor.
Pero sin duda, uno de los momentos más emotivos de la noche fueron las palabras que un consecuentemente sentido Lapido dedicó a Enrique Morente, granadino como él, genial músico como él, y que en esos instantes a pesar de la fatalidad aún seguía con vida. El deseo unánime de su recuperación, desgraciada y lamentablemente al final no fue posible a pesar de no olvidar -junto a Lapido- decirle que le queríamos vivo.
"Olvidé decirte que te quiero". Preciosa canción, fantástica letra, poderoso y efectivo registro vocal manejando el ritmo y el tempo, y unos instantes finales donde en el fabuloso video que grabó y subió huevogordo a youtube, con una altísima calidad visual y sonora, se percibe claramente la emoción y el sentimiento de un José Ignacio Lapido entregado -al igual que nosotros- por completo a su música.
Para terminar con su último disco, mencionar las dos de las once canciones que faltaban. Por un lado el primer single "El más allá" que sonó, como era de esperar, más potente y salvaje que en estudio, y por el otro una canción que ya intuía que en directo podía dar mucho juego. "Algo falla" es su título, y por unos instantes recordé el "Nada más por hoy" de los cero. Apoteósica, furiosa, trepidante explosión de decibelios, demostrando que pese a predominar en sus últimos discos los medios tiempos, nunca dejará de seguir pariendo contundentes y frenéticas manifestaciones de puro rock and roll.
(1) "Nos dieron nuestro sueldo, y se quedaron con el poder".
(2) "Se confirman los temores: nadie es quien dice ser".
(3) "Hoy os dejarán sin postre, sin voz ya os dejaron ayer".
(4) "Llegaron con banderas y uniformes".
Y ante tal panorama que nos ofrece la masificada realidad, en lugar de rendirse, caer al fondo del pozo del pesimismo y la desolación... Lapido nos ofrece su particular y racional ejercicio de consciencia crítica, apelando a un rebosante sentido del humor en forma de una característica y magistral ironía marca de la casa:
(1) "Mi único consuelo: ¡bendita escala de Re!".
(2) "Me sabe rara la miel".
(3) "Hasta nueva orden estaréis de cara a la pared".
(4)"Sofocaron la revuelta repartiendo televisores".
Algo falla y, claro está, no sé qué es. Porque la verdad, en cuanto al concierto en sí, nada falló. Si ya he mencionado todas las canciones que interpretó de su discografía en solitario, obviamente, no podían faltar algunas de 091. Primero "Zapatos de piel caimán" pasado más o menos el primer tercio. Tratar de describir lo que uno siente ahora al volver a escuchar en directo esos riffs tan característicos, ese sonido único que tanto nos cautivó y sacudió en el pasado, es imposible. Contagio colectivo de felicidad y disfrute para después, pasado en este caso más o menos la mitad del concierto, alcanzar el éxtasis al observar primero a Paco Solana con una armónica, y escuchar decir a Lapido que seguramente muchos conoceríamos la canción que iban a tocar ahora:
"La canción del espantapájaros". Ni más ni menos. En versión eléctrica. En ese instante sencillamente me sentí privilegiado. Qué cabrón, acerté a reconocer admirado al final del tema. Ahora, al repasar esos momentos, puedo sentir la incandescencia de la que ya nos habló en su tema que lograba hacer agridulce la emoción, bajo esa sombra de un perro reflejada en la luna en el libreto, y que tanto significa y simboliza en su carrera musical. Pero claro, faltaban los -en apariencia- mal llamados "bises". No se trata de querer que vuelva a tocar un tema ya interpretado, sino de simplemente querer que siga tocando más temas. Y así, en una de esas, llegó en penúltima instancia "Esta noche" como hubiera podido ser "En el laberinto" o, en esta ocasión más indicada y propicia que nunca "La noche que la luna salió tarde". En el fondo, salvo esta última, hubiera dado igual. La satisfacción era generalizada. Lo habían dado todo durante más de veinticinco canciones, y quedaba un último golpe final. Sinceramente yo esperaba, ¿cómo no hacerlo?, "Qué fue del siglo XX". Pero también faltaba una espectacular canción que ha obtenido su merecida gloria siendo interpretada por su grupo en solitario, y no por los cero. Algo lógico tratándose de la cara b de su último single en estudio, pero que aún no me explico cómo puede ser posible que en cada nueva gira se supere, suene aún mejor, y sea aún más especial y carismática. En definitiva una obra de arte prodigiosa. Siete minutos donde cada componente del grupo dispone de la oportunidad para exigirse y exprimirse al máximo, y hay que ver de qué forma lo aprovechan. Las guitarras de Víctor y Lapido enfrentadas al amenazado amplificador, la batería de Popi conduciendo con maestría y precisión el duelo, el piano de Raúl Bernal desafiando junto al bajo de Paco Solana la excelencia musical, y encima cuando ya todos al mismo tiempo se juntan, suena tan natural y preciso, tan perfecto y devastador, que uno no puede menos que quitarse el sombrero, dejar bien abierta la boca, y alabar incondicionalmente su profesionalidad y maestría ante el increíble espejismo número ocho que nos habían ofrecido como despedida final de la noche.
Como espejismo finalmente también fue la posibilidad real de un "Doble salto mortal" como perfecto colofón a la velada. La presencia de Eva lo hacía posible, y la canción se prestaba plenamente a ello: poder declarar a pleno pulmón eso de "Gracias por todo, el gusto fue nuestro. La próxima vez... quién sabe cuándo será" hubiera sido demasiado. La luna tampoco salió tarde pero quién sabe lo que pasará la próxima vez. Sea lo que sea, y cuándo sea, por supuesto, salvo absoluta desgracia, allí estaré.
Estaremos.
Y ya para terminar, agradecer de nuevo los vídeos de extrema calidad (720 ni más ni menos) que huevogordo ha subido a youtube del concierto.
Por último, respecto al público que llenó la sala, constatar que afortunadamente había de todo. Desde los que se sabían prácticamente todas sus canciones incluyendo, of course, las de 091, a los que se notaba que era su primer concierto. Dos buenos amigos míos vivieron esto último. Hace casi dos años conocieron la música de Lapido gracias a un regalo en forma de Cartografía, y como desde entonces no han dejado de escucharlo regularmente debido a lo mucho que les gustó, sólo hizo falta avisarles del día, la sala, y la hora, para que allí estuvieran. Para resumir lo que les pareció el evento, simplemente decir que volverán sin dudarlo, mientras aún me sonrío cuando después por Malasaña, tomando unas copas en un literal y simbólicamente "dinosáurico" garito, nosotros les espetábamos la envidia que nos producía el que ahora ellos pudieran descubrir todo lo que aparte de Cartografía ha compuesto Lapido, llegara entonces su aplastante y definitiva sentencia: "cabrones, la envidia es nuestra, porque ahora somos realmente conscientes de todo lo que nos hemos perdido estos años"
Tenían, cómo no, toda la razón del mundo, y es justo reconocer que me sentí afortunado por ello.
Próximos conciertos anunciados en su web oficial: Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Murcia, Valencia...
Yo me apunto seguro a este último, mientras tarareo eso de "La próxima vez... quién sabe cuándo será" pensando en Barcelona o tal vez Murcia. Afortunadamente nunca se sabe.
Gracias: Lapido, Víctor, Raúl, Paco, Popi. El gusto, una vez más, fue nuestro.












