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La Coctelera

Dejad que hable la lluvia.

12 Octubre 2005

En otro tiempo, en otro lugar.

Madrid, 10/10/05

Ayer para dormir elegí un nuevo sueño de lluvia. Por un lado una canción que ha marcado un nuevo comienzo, y por otro lado el deseo y la idea de que el día (o mejor dicho la tarde) en que adquiriera el nuevo disco de José Ignacio Lapido, debía de ser lluvioso. Y entonces sin paraguas sentir la lluvia resbalar por mi piel y tararear con una sonrisa “Un día de lluvia”, o “Si hay tormenta”, “Un cielo color vino” y sobre todo “Con la lluvia del atardecer.” Total, dicen que soñar no cuesta dinero, y además aunque luciera un sol radiente eso no impediría el que yo sintiera la lluvia caer al aproximarme a obtener su nuevo disco.

El caso es que llovió. Por la mañana volví a llamar a las oficinas de popmadrid, y me confirmaron que tenían disponibles varias copias del disco, y que su horario era hasta las cinco de la tarde. Pedí que me reservaran cuatro, y a las tres de la tarde le dije a mi jefa que me no me esperara esa tarde (de cuatro a seis) porque tenía que ausentarme por motivos personales, así que firmé mi hora de salida y me encaminé a la captura del deseado cd. Para llegar tuve que coger primero un autobús y después el metro. Y al salir comenzó la lluvia (antes simplemente chispeaba) y la búsqueda de la calle Méjico se convirtió en lo soñado. Con los cuatro discos en mi mochila empezó el baile de la desesperación. Me confundí de línea de metro (tomé la cuatro en lugar de la seis) y encima no había asiento libre y tuve que ejercer de equilibrista para sacar el discman (llevaba meses sin llevarlo conmigo), quitarle las pilas, ponerle las que acababa de comprar en un chino, coger los auriculares del reproductor de mp3, meter el cd, y empezar por fin a escucharlo buscando detalles de la canción en el libreto. Entonces fue cuando me dí cuenta de que me equivoqué de línea y ya iba a bajarme cuando vi que en la que estaba terminaba en Argüelles, y de ahí a Moncloa (mi destino) eran cuatro pasos, así que como además se vació el vagón y podía sentarme, no lo dudé ni un momento y proseguí con la liturgia.

¿Y qué decir del nuevo disco?

Madrid 12/10/05

Llevo dos días intentando responder la pregunta, pero aún es muy pronto y no soy capaz de intentar describir con mis palabras lo que este inconmensurable disco me está transmitiendo. Tiempo al tiempo, aunque se trate de otro tiempo y otro lugar. Me esperaba algo grande, y después de escucharlo por enésima vez en estos dos días he de reconocer que me ha desbordado. En una entrevista Lapido comentaba que sentía que cada vez le costaba más componer las letras, y sinceramente no me extraña. Primero porque el listón dejado atrás, tanto en sus anteriores discos en solitario como con 091, está a una altura inaccesible para el común de los mortales, y segundo porque lo ha vuelto a superar con estas doce canciones. Y es que si escribir estas letras le resultara sencillo empezaría a plantearme seriamente que el “Dios de la luz eléctrica” no es sólo una hermosa presunción de inocencia sino la certeza de que en otro tiempo, en otro lugar, existe, y su nombre es José Ignacio Lapido.

Dejad que hable la lluvia.

-En otro tiempo, en otro lugar-

La chica de ojos color esmeralda espera al que nunca vendrá. La torre y la dama están conjuradas: pronto darán jaque al rey.

Está escrito en la ley.

Querrán venderte unos zapatos con los que no puedas correr; que firmes de por vida un contrato que te obligue a obedecer. Te harán creer que así es la vida.

No digas que no te avisé.

Pasé mis mejores días subiendo escaleras que me llevaron a las puertas del mismo error. Creyendo ver en tus ojos reflejos de luna llena. Bebiendo en vaso largo, fría, la desilusión como el perro que esconde su hueso; como un preso en la isla de If...

... guardo esquirlas doradas de sueños en un viejo cuaderno gris.

Dile adiós a la tristeza.

El techo está lleno de estrellas en la antesala del dolor. El Hombre de las Cavernas me ha llamado para contarme sus penas. Con sus palos y sus piedras aun no sabe que ha inventado el rock and roll. El Pensador de Rodin se ha levantado harto de no hallar respuestas. Lleva siglos esperando el momento justo de entrar en acción. Mientras espero el tren que me lleva a los suburbios del mundo real, cierro los ojos y todo concuerda: también fui santo y criminal. Mientras Saturno devora a sus hijos, Lapido escribe otra canción que habla de flores y alambre de espino, de olvidos y de superstición.

Sólo veo señales de peligro indefinido. Vamos a intentar el más difícil todavía. Vamos a cambiar las reglas de la realidad: cuando la noche golpea el corazón oigo como cantan los vencidos por el camino que no tiene fin.

En mis bolsillos hay un par de preguntas, y hay señal de lucha dentro del corazón. Iluminado por la luz de neón de las ciudades soñadas sigo esa voz desesperada que, a lo lejos, gritan las nubes que pasan. En cada lamento que se hace canción hay versos que sangran: los encontré en los rincones secretos del alma con la certeza de que el tiempo de las lágrimas ya vuelve. El día se despide con un rayo agónico de luz violácea que se hunde en las nubes y las hiere de incandescencia e incertidumbre que hace agridulce la emoción. Y antes de que la esperanza se diluya lentamente, iré a asomarme a las ventanas imposibles del ayer con la sonrisa que el dolor nos roba en los atardeceres de incandescencia e incertidumbre que hace agridulce la emoción.

Se hace agridulce la emoción.

Hoy puedo mirar atrás sin que las lágrimas nublen mi vista. La última vez que la vi se fue doblando la esquina donde se tuercen los sueños y se apagan los ecos de palabras antiguas. La acompañó un cielo gris sobrevolado de enigmas. Al irse me devolvió mis viejos discos de blues y mi corona de espinas. Si echas de menos el sol, la lluvia acude en tu ayuda: hoy puedo mirar atrás sin que las lágrimas nublen mi vista.

Fuimos en zig-zag a lo desconocido como piedras que rodaron hasta el lodazal; niños que en el patio pedíamos a gritos nuestra buena dosis de relatividad, extraños que se encuentran en el mismo sueño, adictos a las puestas de sol... nos puedes ver sentados sin pestañear de espaldas a la realidad.

De espaldas a la realidad...

... en otro tiempo, otro lugar.

+

(Pentatonia records, distribuido por El Diablo. Desde el formato del vinilo no había experimentado una satisfacción semejante a la de adquirir este disco y tenerlo entre mis manos, y escucharlo una vez más, y saber que ya está condenado a formar parte de la privilegiada y singular colección de obras maestras que se pueden encontrar en los rincones secretos del alma.)

+

Imprescindible.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lady macbeth

lady macbeth dijo

Saludos. Hace que no te comento, no te dije que me gusta tu forma de escribir enlazando las letras de Lapido. Sigue me gusta. Vi un comentario hacia ti en la página de Popmadrid.

13 Octubre 2005 | 12:21 AM

lapidiano

lapidiano dijo

Muchas gracias de nuevo, no ya sólo por tus comentarios sino sobre todo por compartir esa pasión por la literatura en general y por Lapido en particular :) Da gusto formar parte de esa gran minoría que por ejemplo se encuentra uno en la red ;)
Y bueno, que voy a agradecer el enlace de este blog que han puesto en popmadrid.

Salud!

14 Octubre 2005 | 02:42 AM

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