Espeluznante y sobrecogedoramente hermosa undécima canción de su nuevo disco "En otro tiempo, en otro lugar"

La última vez que la vi
se fue doblando la esquina
donde se tuercen los sueños
y se apagan los ecos de palabras antiguas.
(...)
(José Ignacio Lapido)

-Por sus heridas-

La última vez que la vi se fue doblando la esquina donde se tuercen los sueños y se apagan los ecos de palabras antiguas.

Yo no sabía que al mirar atrás desaparecieran las lágrimas. Como tampoco sabía si ella existió porque al doblar aquella esquina no quedó nada salvo aquel beso de despedida que la soledad siempre ofrece al náufrago de sueños imposibles.

El cielo gris sobrevolado de enigmas presagiaba la lluvia del atardecer como bálsamo regenerador del cansancio. El mismo bar de siempre bajo un nombre diferente que me conduce a la antesala del dolor para reconocer las heridas que el pasado transforma en recuerdo condenándome al exilio de todo lo relacionado con la palabra amor.

Como en la vida real siempre se duda del fin y se ignora el principio. Todo es presente. Un presente que me invita a aceptar el que hoy pueda mirar atrás sin que las lágrimas nublen mi vista, aunque para ello deba olvidar que la última vez que la vi se fuera doblando la esquina donde se torcían los sueños y se apagaban los ecos de palabras antiguas.

La música del lejano piano vuelve a sonar otra vez. Contemplo mis viejos discos de blues, y su imagen me devuelve los sueños que la realidad transforma en heridas mientras intento respirar buceando a pulmón al fondo de la tristeza, y me dejo arrastrar por la emoción de un beso agridulce de despedida la última vez que la vi antes de que se fuera doblando la esquina donde se torcieron finalmente los sueños y se apagaron, para siempre, todos los ecos de palabras antiguas.

Y entonces vuelvo a poner su canción, y vuelvo a brindar –como la última vez que la vi- por nuestras heridas.

Por sus heridas.

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