"Por eso sé que sus caricias son la antesala del dolor."
(José Ignacio Lapido)

-Venus-

Nadie encuentra lo que busca. Caí al fondo del pozo mientras el zahorí me recordaba que la riqueza y la ruina son como la libertad y la prisión que siempre inspiran al juglar de la esperanza.

Tenía el corazón roto, fotos de cuando me partieron la nariz, y estaba furioso con el mundo. Entonces recordé que la emoción y la pasión crecen si el placer y el dolor se unen, y me reconocí como eterno aspirante a ganar por k.o de espaldas a la realidad.

Aturdido y confuso, desorientado, tumbado sobre la lona esperando oír crecer la hierba como la noche en que la luna salió tarde, la ví llegar vestida de medusas y coral, y en un minuto se detuvo el tiempo inundándome de emoción. Yo me sentí esclavo de la música y de todos los sueños incandescentes que guardamos en los ricones secretos del alma como piezas del puzzle de la eterna confusión.

Mi nombre es Venus, me dijo, y al instante acepté su divinidad bebiendo el agridulce néctar que sólo es posible saborear en la antesala del dolor.

Las tormentas imaginarias aparecieron para construir el pedestal donde aún conservo su imagen cuando la vi marchar luciendo un racimo de uvas de collar y doblando la esquina donde se tuercen los sueños y se apagan los ecos de palabras antiguas.

Diciéndole adiós a la tristeza ninguno de los dos olvidó que pasamos nuestros mejores días cavando las trincheras y ondeando la bandera de la confusión. Atravesando calles desiertas y contándonos bellas mentiras para no recordar, tal vez, que fuera de nosotros aún existía el dolor bajo la máscara incierta del beso de despedida que nunca nos quisiéramos dar y que inevitablemente aparecería un día cualquiera, sobre un cielo nublado teñido de ningún color al verla partir hacia otro tiempo y otro lugar donde ella ya siempre conservaría en sus pupilas el último rayo de sol que afilé con mi navaja de cachas nacaradas cuando aún no sabía que existía.

Mi nombre es Venus, me dijo, y desde entonces el techo está lleno de estrellas en la antesala del dolor.

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