Una vieja cinta de casette. Una canción incompleta grabada de la radio. No saber ni el grupo ni el nombre de la canción. Llegar a mis manos el 12 canciones sin piedad de los Cero y seguir hechizado por esa canción buscando desesperadamente conocer quién la había creado. Conseguir el Tormentas imaginarias y comprobar que aquel grupo era de los pocos que conseguían hacerme cuestionar mi juventud abriéndome múltiples interrogantes sin respuesta definida, bajo una música que acariciaba la violencia del paso del tiempo ("el fantasma de la soledad") o eternizaba con fiereza el instante final de la duda ("cayendo") para revelarme que existían "otros como yo" a los que tal vez jamás conocería, y que la música era el bálsamo certero que nos permitiría de vez en cuando habitar la frontera entre lo onírico y lo real hasta encontrar (sin necesidad del aquí y del ahora) la memoria de la imaginación en forma de naufragio y de tormenta siguiendo las huellas que nunca nos lleven al sol pero sí a un cielo color vino. Pasar el tiempo y desconectar del presente para profundizar lo no vivido acompañado de Más de cien lobos y el Cementerio de automóviles sin rastro de aquella canción que seguía intermitentemente sonando en la vieja cinta de casette y de la cual ya había perdido la esperanza de conocer su nombre. Llegar demasiado tarde al Último concierto sin apenas noticias de El baile de la desesperación y de Todo lo que vendrá después, y por fin, casi cinco años después, desvelar el misterio y ser consciente de que no podía ser de otra forma –tenían que ser Granada y los Cero- y regresar al presente para lamentar su despedida agradeciendo lo mucho que me quedaba aún por conocer de ellos hasta el día en que la causalidad volvió a sacudirme fuerte en forma de Ladridos del perro mágico. Sin dudarlo comprarme el cd y volver a sentir la misma emoción que entonces y que ya nunca desaparecerá de mi vida. Seguirá evolucionando, elegirá un nuevo aspecto, gozará de momentos de mayor o menor intensidad, pero siempre será R&R.


"Pero no busques muy dentro de mí porque allí encontrarás
un corazón destrozado y preguntas sincontestar.
Mejor que busques si hay luz de luna entre las sombras
porque ya sabes que sin duda alguna... allí estaré."
[091, La Torre de la Vela, 1988]
-La Torre de la Vela-

Primero su misterio, su incierta procedencia, y al instante la necesidad de encontrar refugio en ella entre sus sombras, la luna, y por encima de todo la tenebrosa soledad del caminante.

No hay búsqueda posible que no haya sido encuentro anteriormente. La música cicatriza el lamento inevitable del eterno perseguidor de aquella sombra que fue ruina y resplandor, y el sonido de la noche serpentea la ignorancia.

Con el corazón destrozado y preguntas sin contestar.

Sobreviviendo cada día a la luz artificial de La Caverna, imaginando nuestas huellas en la mar, o nuestras miradas heridas por el viento en lo alto de una torre. Retrasando el idilio, la conjura, el instante en que volvamos a desaparecer de un viejo sueño para transformar la realidad en otro sueño que ilumine la elegida oscuridad de la esperanza.

Dificultando la búsqueda hasta hacer invisible el olvido apagando la linterna de la fiel soledad.

A lo lejos amanece, por encima del muro, y con asombrosa lentitud despertaremos abrazando la nostalgia en la necesaria despedida de las sombras.

Con el corazón destrozado y preguntas sin contestar.

Si hay luz de luna...

Allí estaré.

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