“Nada es distinto: por eso pediré más de lo mismo... hoy”
Ocho días después del concierto de Granada tuve la oportunidad de asistir a mi segundo concierto de José Ignacio Lapido. Desde el primer instante en que conocí las fechas de la gira comencé a barajar posibilidades decantándome finalmente por los días dos y diez de diciembre -Granada y Madrid respectivamente- cada uno de ellos con sus razones personales y particulares que hicieran más especial aún si cabe la elección y por supuesto la emoción.
Sin embargo a la hora de sacar la entrada para el concierto de Madrid me esperé a regresar de Granada asumiendo el riesgo de quedarme sin ella por no ser lo suficientemente previsor al respecto. La razón principal consistía en una especie de desafío científico. Por un lado tenía la absoluta certeza, la inexcrutable fe, de que independientemente de lo que pasara en el concierto de Granada (la primera vez que asistiría a un directo de Lapido) desearía estar igualmente presente en el concierto de Madrid, y por otro lado deseaba poner a prueba lo soñado enfrentándolo a la realidad. Es decir, que si la puesta en escena de Granada no cumplía con las expectativas depositadas en ella pues no merecería la pena repetir en Madrid. Más que nada porque mi principal objetivo era simple: disfrutar y pasarlo bien viviendo y sintiendo el mejor rock and roll que yo he escuchado en lengua castellana, y claro, si eso no se cumplía... ¿para qué reincidir? La trampa, el engaño, o la bella mentira, era intrínseca a la propia duda en el sentido de que a pesar de producirse ésta y no disfrutar lo suficiente el concierto de Granada, aún tendría la posibilidad de ratificarlo una semana después en mi ciudad asumiendo que no tendría nada que perder (salvo un par de horas de tiempo) y sí mucho que ganar (la satisfacción y felicidad ante el deseo cumplido) Así que, en definitiva, pasara lo que pasara en Granada estaba convencido de que repetiría y por eso una de las primeras cosas que hice al llegar a Madrid fue sacar por internet mi entrada, y si no lo hice la misma madrugada del viernes una vez regresé del concierto fue por culpa de que el hotel donde me alojaba no disponía de conexión a internet y no podía realizar algo tan simple como encender el portátil, dirigirme a la página web señalada, y sacar la entrada. A cambio, eso sí, la habitación ofrecía una ventana con vistas a un muro dentro del recinto de La Alhambra que hacía necesario escuchar “De mal en peor” sintiéndose un niño cuyo único mensaje que le escribe al mundo no es la ausencia de ilusión, sino la ausencia de ambición en el sentido de que a pesar de que con el paso del tiempo no quede nada por hacer para salir del absurdo, con pedir más de lo mismo hoy es suficiente para hacer soportable la existencia. Así que en justa penitencia por mi absurdo experimento debía esperar un día y medio para asegurarme la dichosa entrada, pero poco importaba: me sentía inmensamente feliz por el concierto ofrecido y encima disponía aún de día y medio para seguir conociendo una ciudad como Granada en la mejor compañía posible.
Entonces comprendí que lo que a partir de ese instante deseaba que ocurriera en Madrid era que nada fuera distinto, el mismo guión y argumento, más de lo mismo hoy, porque era plenamente consciente de que con eso me bastaría para ser feliz ya que a pesar de que cambiarían los nombres (Sala El Sol en lugar de La Copera), cambiarían los sitios (Madrid por Granada), y se desbaratarían coincidencias todo seguiría siendo igualmente ficticeo porque no pueden existir dos actuaciones idénticas y por eso sencillamente me alegré de que en cuanto al contenido el concierto de Madrid fuera un calco al de Granada. Es lo que anteriormente decía acerca de la ilusión y la ambición. Ser consciente de que obteniendo más de lo mismo basta para que merezca la pena asistir a este concierto, posibilita además que cualquier variación que se produzca sea celebrada con entusiasta ilusión al sentirme plenamente partícipe del inmenso espectáculo que una banda de rock desea –honesta y apasionadamente- ofrecer. Y la verdad es que poder disfrutar de esta maravillosa música en directo hoy en día, en este tiempo y en este lugar, es razón suficiente para repertir las veces que haga falta el mismo guión y argumento, la misma escena, la misma función y por supuesto el mismo espectador, sin necesidad de ambicionar algo que sin duda en ese mismo instante ya se estaba produciendo porque, aun siendo más de lo mismo, todo era distinto gracias a que estamos hablando de música “en vivo” y no “enlatada” Y si la música enjaulada en un cd o disco de vinilo, condenada siempre a sonar igual, idéntica, una y otra vez en cada escucha, es capaz de transmitirme diferentes emociones según las circunstancias personales y sentimentales que en ese determinado y concreto instante de la escucha se produzcan en mí... ¿qué decir de una actuación en directo? Personas reales, de carne y hueso, a unos metros de distancia del público usando sus instrumentos (batería, teclado, guitarras eléctricas, bajo, y por supuesto la voz) para comunicarse constantemente de esa forma entre sí y tal vez conseguir transmitir lo maravillosamente bien que se sienten tanto el músico como el espectador al usar como únicos medios de expresión, a uno y otro lado del escenario, sentimientos de rock and roll. Si eso se produce, si se tiene la inmensa fortuna de vivir y experimentar algo así, no es extraño reconocerme una semana después acudiendo a un concierto al que sólo le exigía más de lo mismo mientras las nubes me acompañaban por las calles de Madrid y pensaba el por qué simplemente ese lugar, la sala Sol, hacía que ya todo fuese diferente y propicio a revivir, pese a tantos y tantos días de tedio y desencanto, una nueva fantasía de rock and roll ya no sólo en mi mente sino en cada uno de los pasos que daba sobre las nueve y media de la noche por una desierta calle Jardines para recoger mi entrada con tiempo y poder reunirme en un bar cercano con otros como yo a la espera del comienzo del concierto programado a las once de la noche. Así llegué a la entrada y las taquillas estaban cerradas, y como había una persona ahí fuera dando golpes a la puerta le pregunté si sabía la hora a la que abrirían y me dijo que ni idea, que era simplemente un músico y claro, se me encendieron los ojos y enseguida me confirmó que efectivamente pertenecía a la banda de Lapido y que era el batería ante lo cual con mi certera precisión le estreché la mano llamándole Pipo y al instante ante su gesto de sorpresa rectifiqué y de una forma amable y coloquial intercambiamos algunas palabras sobre el concierto de la semana pasada en Granada y el del día anterior en Toledo, que hoy era la definitiva despedida de Sergio, y que él había salido un momento fuera a hablar por el teléfono móvil (dentro, como comprobé después la cobertura era pésima por no decir inexistente) y ahora no podía volver a entrar y ahí estaba dándole golpes a la dichosa puerta mientras yo me marchaba al Gambrinus, y pensando en esa sala recordé una canción entrañable de los primeros años ochenta, que comenzaba de la siguiente manera:
Sentado en El Sol
bebiendo y fumando sin apenas entusiasmo
llegaste tú,
y te sentaste a mi lado,
con una cerveza en la mano
y escuchando con gran interés
aquel “I don’t care”, aquel “I don´t care”
Yo jamás te hubiera conocido
si no llega a ser por Los Ramones...
(...) [“Los Ramones” Pistones, 1982]
Y entonces sentí la inmensa satisfacción de remontarme veinte años atrás (cuando yo era de los que aún no habían hecho la primera comunión) y conocer que ya por entonces un grupo en el cual tocaba la guitarra eléctrica y componía canciones un tal José Ignacio García Lapido, 091, presentaban su música primero en el obligado Rockola y después en la sala Astorín (epicentros de la explosión musical de la época) y veinte años después, en una escena musical totalmente opuesta, en uno de los pocos locales míticos que han sobrevivido la erosión del paso del tiempo -la sala Sol- ese tal José Ignacio Lapido presentaba en Madrid su nuevo disco “En otro tiempo, en otro lugar”
[Transcripcines del documental “14 años sin piedad” emitido por Canal Sur como homenaje a la separación del grupo granadino 091]
-Jose Ignacio Lapido: Y bueno, grabamos otra maqueta ya con cuatro canciones en la que estaba incluída “Fuego en mi oficina” que sería la primera canción que grabamos que saldría editada como single. Los de DRO parece que les gustó aquella maqueta, y nos invitaron a tocar en el Rock Ola, fuimos a tocar a Madrid por primera vez y tal, y ya surgió lo de grabar el primer single.
-Paco Ramírez: [mánager de 091] Para poder grabar un disco en aquella época, hacía falta ganar un concurso.
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(Música de fondo: Fuego en mi oficina y en primer plano fotos de recorte de prensa entre los que se puede leer lo siguiente.)
El pop-rock granadino, en los primeros puestos de Andalucía.
“Ceronoventaiuno” y “Magic” se alzaron con las primeras posiciones en el concurso de pop-rock andaluz “Alcazaba” El primer premio concedido a 091 consiste en la grabación de un LP, un video promocional, y 150000 pesetas...
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(emisión del videoclip “Cementerio de automóviles” entre el cual se intercala la portada de su primer LP y diversos recortes de prensa con el siguiente texto)
091: El mejor grupo de Andalucía.
Mañana presenta el Grupo Rock “091” su primer LP
El grupo granadino “091”, vencedor del III Concurso Pop Rock de Andalucía y grupo revelación del año 84, presentará en concierto su primer LP, mañana, viernes, a las nueve de la noche, en el paseo del Salón.
Este concierto, que tendrá carácter gratuito, ha sido organizado por la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía dentro del marco del Año Internacional de la Juventud y en él actuará también el grupo granadino “La Guardia”.
Los rockeros granadinos “091”, tras haber grabado los principales programas musicales de TVE, proseguirán la gira de presentación de su primer LP en conciertos, con carácter nacional que, en una primera fase, comenzarán por la sala “Astorín” de Madrid, el próximo 30 de abril, continuando el 1 de mayo en Zaragoza, el 2 de mayo en Cuenca, el 3 en Albacete, el 4 en Puertollano (Ciudad Real), y el 5 en Baeza (Jaén)
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Carretera y manta. De 1984 pasamos al 2005 y apuntamos el día 4 de noviembre en Motril como comienzo de la gira de presentación de un nuevo disco de José Ignacio Lapido, continuando el 10 de noviembre en Córdoba, el 11 en Jaen, el 12 en El Ejido (Almería), el 18 en Sevilla... León, Granada, Toledo, Madrid, Valladolid, Vigo... a la espera de confirmar nuevas fechas a comienzos del 2006 y posibles lugares como Bilbao, Pamplona, Tarragona, Lleida, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Murcia... y ojalá, ¿por qué no soñar?, se despida la gira como se merece en Granada dando paso a otro tiempo y otro lugar: el anhelado homenaje a 091 en el décimo aniversario de su gloriosa y emotiva separación a la hora de decirnos definitivamente adiós, aceptando la promesa fugitiva de volver a ser el niño que encontró en el rock and roll al fiel escudero que ya siempre le acompañaría en la terrible y maravillosa aventura de crecer y de vivir.
Y entonces la calle Jardines se llenó lentamente aquella noche (la espera fue larga ya que abrieron las puertas de la sala bastante tarde) de poetas y borrachos, gente que enciende el mechero en la palma de su mano, soñadores que transforman a las libélulas en hadas, relucientes y desgastadas cazadoras de cuero dispuestas a brindar de madrugada por el mundo al revés, náufragos y hombres sin sombra, amantes, luchadores, ángeles caídos y sirenas... todos los que aprendimos la incomprensible lección consistente en tener que buscar debajo de las piedras, casi en la clandestinidad, talentos musicales como el de José Ignacio Lapido que junto a su banda nos iba a ofrecer la posibilidad de sentir por unas horas que dios seguía estando a nuestro lado (por supuesto el Dios de la luz eléctrica) en una sala que no se llamaba “El cielo” pero que a cambio nos remitía a seguir esas huellas que nunca en teoría serán capaces de llevarnos al sol.
Así, tras recoger en la taquilla mi entrada, procedí a bajar la celebrada escalera de caracol sin poder evitar sonreír al sentir que llevaba un suave ritmo con los pies en dirección al interior de la sala, donde logré ubicarme cerca del escenario, casi enfrente de Víctor, y comencé a recibir las descargas del primer tema del concierto, el mismo, cómo no, que en Granada, para dar paso a cerca de dos horas increíbles donde los pájaros incandescentes echaron a volar como acaso las palomas, dejando sonar la música, una vez más, en nuestro tiempo. Sólo una vez más. ¿Sólo? Las veces que haga falta, y sin necesidad de que realmente suenen las canciones que yo desearía aunque se tratasen de cualquiera diferente a las del concierto anterior. Más de lo mismo es para mí suficiente, sobre todo en un ambiente como el que existía en una sala donde el público y los músicos estaban desde el comienzo plenamente entregados y dispuestos a celebrar que ese Dios de la luz eléctrica estuviera en todo momento presente en el concierto sin necesidad de darle nombre y apellidos. Como dijo José Ignacio en Granada cuando cerca del final del concierto observó que se apagaron las luces de iluminación, ese dios ya estaba haciendo de las suyas, al igual que en Madrid dejó por unos minutos sin teclados a Raúl y en otro instante sin guitarra a Victor, pero poco importaba; a pesar de las ausencias y de que sonaran las mismas canciones que en el resto de la gira, en los rincones secretos del alma esa noche había un perro aullando a la luna los mágicos ladridos que nos hacen siempre afinar, por si acaso, las guitarras. Y ojalá Lapido y su banda pudieran elegir y variar sus conciertos hasta el punto de decir: este mes nos apetece hacer una pequeña gira ofreciendo versiones de los clásicos que más nos gustan, y luego otro mes más de lo mismo respecto a exclusivamente canciones de los Cero, u otro mes con versiones eléctricas de sus propios temas acústicos (como Nubes con forma de pistola, No queda nadie en la ciudad...) o de versiones acústicas de sus temas eléctricos (como el emotivo y soberbio espantapájaros del Último concierto, o La noche que la luna salió tarde...) porque ésa es otra: aunque las letras sean prodigiosas, se trata de canciones, y la música es la que en última instancia debe siempre tener el protagonismo a la hora de transmitir emociones, y Lapido es capaz de obrar el milagro y la misma canción en cuanto a letra, dependiendo del formato en que la interprete, dejarnos de igual forma como a aquel boxeador sonado que confuso y desorientado, al volver sobre sus pasos, se da de cara con la pasión. En definitiva las posibilidades pueden ser múltiples y variadas pero la realidad es una sola: presentar y defender en directo su nuevo disco en el mayor número de ciudades posibles para darlo a conocer y si es posible amortizarlo. Por mi parte seguiré esperando cada ocasión que se presente para seguir agradeciéndole su profesionalidad y devoción hacia esa música auténticamente celestial que nos ofrece, y si acaso confirmarle que aunque la función hubiera terminado sin aplausos, yo también volvería mañana a repetirla para pedir más de lo mismo hoy: el dios de la luz eléctrica haciendo flotar en mi cabeza fantasías de rock and roll de espaldas a la realidad.
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Hola Lapidiano. Hace mucho mucho tiempo que soy seguidora de los 091 pero la primera vez que vi a Jose Ignacio Lapido, en una pequeña biblioteca donde apenas cabian cien personas y en acústico, supe que volvería a verlo muchas más, de echo han sido muchas más y estoy segura que no me cansaré de escucharlo. Tus palabras y sus letras mis sentimientos.
Hala. Perdón por la curiosidad: ¿cuándo fue esa primera vez? xD Recuerdo haber oido hablar de un concierto similar en el 2003 en Roquetas del Mar, creo que José Ignacio lo escribió en un artículo suyo.
Por cierto, se me olvidó comentar que al enterarme del obligado repertorio acústico de esta gira en el concierto de Valladolid, incluyendo en el mismo "Todo comienza girar" o "La noche que la luna salió tarde", me dije: "me voy a Vigo de cabeza" pero claro, al comprobar la fecha ya era demasiado tarde :P
En fin, muchas gracias por el comentario, y a ver si coincidimos en alguno de sus próximos conciertos :D
Si, fue en Roquetas de Mar (vivo alli) esa primera vez que lo vi en acustico a él solo, fue genial, porque era como muy en familia, antes lo había visto pero con O91. Saludos
se está haciendo entre blogs un juego.... entra en el mío y lee las instrucciones. Has sido elegido. :)
Link a la entrevista a Lapido, en Mi vida como un chino:
http://www.bestiario.com/mvcuc/d.php?id=259