"Aunque quedan piezas por encajar, ya sé que el fallo está en la realidad" [Doctor Divago "Me desmayé"]
"Deja sonar la música una vez más, sólo una vez más."
[J.I Lapido, "Pájaros"]
-Ladridos del perro mágico-
-Necesito recuperar las sensaciones vividas por el niño que fui. Detener el reloj para hacerlo girar al instante en dirección al olvido de la obtusa racionalidad impuesta por el paso del tiempo.
-Cuando el perro infeliz que le aullaba a la luna era un lobo. ¿Recuerdas? No necesitabas identificar la realidad para sentir que la vida era un mágico sueño repleto de infinitas aventuras que descubrir y dar forma gracias a la imaginación del silencio.
-La imaginación del silencio y la oscuridad de la noche. Donde todo sonido de las sombras iluminaba la fantasía de la soledad desnudando el misterio y haciendo posible engendrar de la nada el todo, y del todo la nada. No sé por donde empezar a cicatrizar la nostalgia.
-Sé muy bien que el destino guarda cartas en la manga. Como tú sabes muy bien que al borde del abismo...
-...nos han visto crecer. ¿No comprendes? Perdón por el cambio de verbo, pero necesito encontrarle un sentido a la huida. ¿Ves? La dichosa racionalidad surgida ante el paso del tiempo. Crecer y crecer. Escapando del mundo. Cerrando los ojos cinco segundos hasta desaparecer como fugitivos que se dicen adiós para volver a ser niños. No sé por donde empezar a desangrar el pasado.
-Pisando la luna, inventando la rueda, o besándome en la oscuridad. Los deseos incumplidos no existen. No al menos instalados un minuto antes de la realidad donde la huida que tanto te inquieta forma parte de un mismo sueño que no tiene fin. ¿Por qué te resulta tan difícil aceptarlo?
-Ya que mencionas a los sueños que no tienen fin... Recuérdame el final de un solo sueño, sólo uno, y al hacerlo comprobarás que sea cual sea ese sueño, al recordarlo ya habrá finalizado y su final será el mismo de todos tus sueños: el momento en que despertaste. No hay vuelta de hoja y sin embargo...
-Diecisiete osos de peluche buscan algo en que creer...
-Y ese algo no podremos conocerlo jamás porque nadie, absolutamente nadie, encuentra lo que busca. ¿Sabes? Otra vez ante el espejo ha aparecido su sombra como recuerdo de un olvido. Pero esta vez no rescaté de la memoria aquellos versos de Cernuda sino que simplemente esperé.
-Esperando nada, supongo, como el ilusionado regreso de ese chico triste y solitario implorando no marcharse mañana pese a tener que soportar ese título descriptivo tan oportunista y dolorosamente morboso en su posterior homenaje. Perdona. ¿Esperaste? ¿O más bien renunciaste?
-La chica de ojos color esmeralda espera al que nunca vendrá. Está escrito en la ley. La renuncia del que ya no espera nada es un muro infranqueable para toda ilusión hipotecada en la obtención de un algo material y concreto. Penélope tejiendo nuestra propia mortaja. ¿Así se hace eterno el instante y la última página antes del fin?
-Esperanza: bendita enfermedad que no tiene cura. La misma Penélope deshilando por la noche lo realizado por el día. Me enseñaste a ser capaz de mentir diciendo la verdad, a naufragar en el recuerdo cada amenaza del olvido, o a ser intensamente deslumbrada por la escondida luz de una sombra futura: la eternidad en tus ojos azul tormenta.
-No puedo mirar tu sonrisa sin temblar. Pocas canciones han logrado vaciarme de esa forma. No tengo nada que hacer. Y esas velas que en tu cumpleaños un día...
-¿Estamos tirando a dar? Tu viejo tirachinas con el cuero gastado aún celebra la caza. Tal vez sea posible encontrar algo entre las ruinas si la impoluta realidad no es capaz de contabilizar tres billones de latidos en un solo corazón. No me mires así. Únicamente estoy imaginando a quien no conocí y sin embargo recuerdo cada vez que regresas y te vuelves a ir.
-No te salves ahora, ni nunca. No te salves. Te ofrezco la ceniza del tiempo no pasado como ansiada penitencia para seguir modelando castillos en el aire sobre arenas movedizas. El espejo se ha roto en dos pedazos, y sólo sangra la imagen del niño perdido en el cruel laberinto de la corrupta memoria.
-Espera. ¿Cuál es la otra imagen? ¿Por qué intentas siempre ocultar su reflejo?
-Persiguiendo sombras busco algo más que un perfil. ¿Continúo? No se acaban las calles, el pintor y la modelo, o sólo pienso en ti. Sílbame aquella olvidada melodía de Charli Parker para que pueda volver a ver tu cara reflejada en el estanque, ardiendo sobre un lienzo de agua, y sumergirme en un sueño hasta volverte a encontrar en otro tiempo y lugar. El Perseguidor perseguido y finalmente abatido por Las Armas Secretas o una pantalla de cine. ¿Descubriste por fin el título de aquella canción que hablaba de un pájaro enjaulado? ¿Quieres que siga? La otra imagen no existe y pese a todo necesito recrearla para negar el reflejo de la única posible.
-¿Cuál?
-Ponle el nombre que quieras: Rocío, Eva, Lucía.... porque siempre es el mismo.
-Alicia jamás atravesó aquel espejo, Dorothi nunca volvió a despertar, y pese a todo aún puedo impresionarme imaginando a la niña que fui. ¿No te basta con eso?
-Me basta y me sobra, pero en el caso contrario...
-Lo sé: la bailarina que se ha marchado con otro a ver amanecer mientras el vagabundo de las azoteas contempla el carrusel abandonado de la última función. No puedes evitarlo. Lo sé.
-¿Entonces?
-Coleccionemos días tristes como las caricias que ya dimos por perdidas. Capturemos eclipses. Sigamos confundiendo a las libélulas con hadas. Observa: La función terminó y no ha habido aplausos. Volveremos mañana.
-¿Una vez más?
-Siempre una vez más.

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