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La Coctelera

Dejad que hable la lluvia.

10 Abril 2006

-Con la boca abierta-

Así me he quedado y más o menos permanezco al recordar el fabuloso concierto que José Ignacio Lapido y su banda ofrecieron en la Sala El Loco de Valencia el pasado sábado uno de abril. Apoteósico, sublime, inconmensurable... son adjetivos que se quedan cortos a la hora de intentar describir o reflejar lo sentido y vivido aquella noche.

Un día antes, en Alicante, pude asistir igualmente al concierto que ofrecieron en el Aula de Cultura de la C.A.M y que fue –como esperaba por motivos obvios de localización-, completamente diferente a lo acontecido en Valencia. La verdad es que tenía la esperanza de que el concierto fuera en acústico, como así lo anunció un diario alicantino el mismo día del concierto, y de esta forma poder disfrutar de un repertorio diferente donde se incluyeran al igual que en Vigo o en León auténticas joyas del pasado (“Todo comienza a girar”) o tal vez esa maravilla actual, incluída en su último disco, y que lleva por nombre “Rincones secretos”.

Sin embargo la actuación fue eléctrica, y el buen hacer y profesionalidad de la banda lograron mitigar el gélido ambiente de un público prisionero en sus butacas que no podía exteriorizar todo lo que deseaba la fabulosa dosis de rock and roll ofrecida, destacando sobremanera el sonido que permitía diferenciar nítidamente cada instrumento (quizás como única pega el teclado estaba más bajo de lo preciso), haciendo de la escucha y observación de los intérpretes un auténtico deleite que compensaba el tener que estar sentados moviendo por inercia los pies, y conformándonos con aplaudir a rabiar al final de cada canción, presagiando en cierto modo lo que al día siguiente nos esperaba en Valencia.

Por otra parte el repertorio fue más limitado de lo habitual hasta el punto de prescindir de un segundo bis dejándonos con la miel en los labios de “Esta noche” y “Qué fue del sigloXX”, amén de perdernos en el único la emocionante audición de “Con la lluvia del atardecer” y anteriormente la poética “Agridulce”.

Por lo demás el vestuario de la banda estaba acorde a las circunstancias, y los cuatro músicos lucían corbatas oscuras a juego con la camisa arremangada del Maestro. A destacar las novedades que más me llamaron la atención respecto a Granada y Madrid, circunscritas en los coros (el nuevo bajista no participa en ellos y todo el peso lo ostentan con magistral sincronía Victor y Popi) y determinados arreglos y punteos de otras canciones que demuestran que la banda sigue creciendo y madurando el directo de la gira para ofrecer lo mejor de sí mismos como nuevamente quedó demostrado en un “Espejismo número 8” sencillamente magistral. Como anécdota en esta canción, la segunda y última vez que José Ignacio apuntaba su índice hacia el cielo, instantes antes de arremeter la estrofa final referente a los aviones supersónicos que se enredan en los dedos , Victor y Raúl se miraron esperando el momento justo para bajar los suyos a la vez , realizando un guiño cómplice que lógicamente provocó en quienes lo apercibimos una sonrisa de satisfacción y agradecimiento. Por último, respecto al nuevo bajista (era la primera vez que lo veía actuar) he de decir que me causó muy buena impresión manteniendo el tipo en todo momento, y particularmente percibí que tiene madera de excelente músico que a medida que va acumulando conciertos se crece en confianza y seguridad como quedó demostrado al día siguiente.

En definitiva fue un buen concierto, que presagiaba algo grande en Valencia ya que inevitablemente tanto el público como la banda nos quedamos con ganas de más, y en cierto modo se puede decir que el concierto de Alicante en esa especie de sala-teatro fue un suculento aperitivo o entrante para la apoteósica actuación de la Sala El Loco.
A la salida pude además aprovechar para adquirir el nuevo single de la banda, que no incluye sólo la acostumbrada cara B inédita, sino tres temas entre los que destaca el instrumental “Wrong place, wrong woman”, y que lógicamente es de indispensable pertenencia para todo seguidor del mejor ronck and roll facturado en este país.

El sábado amaneció soleado, y horas más tarde en la estación de tren pudimos ver a “otros como yo” que probablemente se dirigirían igualmente a Valencia, ya que uno de ellos llevaba una camiseta de Lapido, y recordé haberles visto la noche pasada en el auditorio. Tras apenas dos horas de viaje llegamos al hotel, y tras un breve descanso comenzamos a prepararnos para el concierto.

Menos mal que no teníamos aún las entradas, y eso nos hizo anticiparnos tres cuartos de hora, porque el maldito reloj nos la jugó una vez más y nos confundimos de hora, ya que estábamos convencidos de que la actuación empezaba a las once de la noche y no a las diez como oficialmente aparecía anunciado. De esta forma sobre las diez y cuarto estábamos en taquilla, y al ver que quedaban pocas entradas en uno de los fajos le pregunté al portero si se agotarían mostrando en su respuesta una tajante negación.

Algo sorprendido le inquerí por el aforo, y la cifra de cuatrocientas personas se me antojó excesiva para las dimensiones del local como pude comprobar una vez dentro saboreando la primera cerveza de la noche. Pasados unos minutos comenzó el espectáculo, y rápidamente nos situamos entre las primeras filas obteniendo una inmejorable primera impresión del ambiente que se percibía en la sala. Por un lado la distancia entre el público y los músicos era mínima, y la expectación máxima, así que quedaba la duda del sonido disipada en los primeros acordes de ese “Escrito en la ley” que es todo un acierto como inicio de programa. La voz se distinguía perfectamente en los momentos iniciales más suaves, y posteriormente se producía la explosión de sonido anhelada en ese estribillo mágico donde la sincronía entre guitarras, bajo, batería y teclados, era perfecta confirmando que la noche no había hecho más que empezar, y ya estábamos hipnóticamente entregados dispuestos a vivir con total intensidad la descarga de un rock atemporal maravilloso.

A continuación sonaron el nuevo single “No digas que no te avisé” y la encantadora “Bellas mentiras” con unos coros geniales que esta vez sí (lejos quedaba el “silencio sepulcral” de la noche anterior en Alicante) eran seguidos por la inmensa mayoría de la sala, que no podíamos dejar de movernos, y fundir nuestras gargantas, y contagiarnos del entusiasmo común de manera que el grupo lo apercibió y agradeció, transmitiendo lo bien que se sentían y lo mucho que igualmente disfrutaban dando lugar a un concierto sencillamente irrepetible. Y es que observar a sólo unos metros la manera en que Lapido sacaba de su Gibson unos riffs impresionantes que sonaban a gloria, acompañado por un Victor inconmensurable que no paraba de gesticular y sentir cada acorde interpretado, mientras el bajo seguía la estela de manera precisa y contundente, la batería se sometía al perfecto control de Popi, y Raúl por su parte –ahora de pie, ahora sentado- deslizaba con plena convicción y virtuosismo sus dedos por el teclado elevando el sonido conjunto a la categoría de música auténticamente celestial... ¿Cómo resistirse a semejante maravilla?

Se sucedieron los temas y “Alguien vendrá” me cautivó llegando a creer que realmente estaba durmiendo en campos magnéticos de poderosa electricidad sin dejar de levitar. Miraba a mi alrededor y todo el mundo se lo estaba pasando en grande. Más o menos medio aforo, lo cual si lo que dijo el portero era cierto, rondaríamos las doscientas personas aunque sinceramente creo que como mucho seríamos ciento cincuenta. En todo caso lo importante era la intensidad, y con “Nadie besa al perdedor” quedó claro que ya era hora de declarar bien alto que lo de músico de culto o “maldito” quedaba relegado precisamente a los perdedores, es decir, a todos aquellos que esa noche se habían perdido el concierto por ignorancia consciente o inconsciente, por no molestarse en buscar y conocer, comparar, descubrir... a un grupo que lejos de la consabida fórmula comercial amparada por el sistema de consumo masivo de música enlatada de usar y tirar, ofrecía la receta de esperanza caducada (aunque efectiva a más no poder) del cuidado y el buen gusto por los acordes fronterizos, los riffs que te ponen los pelos de punta, la armonía de los coros que dan el toque de gracia a la canción en el momento preciso, y además, por si eso fuera poco, unas letras excelentes que obran el milagro de fundir música y literatura en Arte con mayúsculas bajo la aprobadora mirada del más clásico y puro rock and roll.

Impresionante “Noticias del infierno”, y sobrecogedora y emotiva “Por sus heridas” donde Victor en un momento dado se coloca en el dedo un artilugio que no sé exactamente como se llama, para atacar con delicadeza unas notas preciosas que asemejan el sonido del teclado dejándome literalmente con la boca abierta. No podíamos parar de aplaudir y de vibrar, y Lapido aprovecha para soltarse y en una breve pausa anunciar la siguiente canción comentando que se trata de un tema algo antiguo (la sombra de los cero sobrevuela la sala, pero todavía no ha llegado el momento) indicando que es una canción de su primer disco que “como todos sabreis fue un gran éxito” Alucinante. Era lo que faltaba. Sonrisa general celebrando la aguda ironía que hermanaba aún más a público y músicos porque realmente era un éxito increíble el poder haber estado allí viviendo esos momentos que compensaban con creces el tener que viajar cientos de kilómetros para verlo. Merecía la pena, y sólo quedaba desear que volvieran a repetirlo una vez más, en un “Sigo esperando” apoteósico. Como igual de deslumbrantes fueron “Hasta desaparecer” o la cautivadora “Luz de ciudades en llamas” y demás canciones del repertorio. Para no alargarme aún más en lo acontecido pasaré a lo que para mí fue algo que no podré olvidar en mucho tiempo:
“Espejismo número 8”. Apoteósico. Lo que el grupo ha logrado fabricar en esta canción no tiene nombre. El éxtasis del rock and roll en estado puro. Si la furia y el desgarro de las guitarras de Victor y José Ignacio llegan a su máxima expresión, y la batería tiene igualmente su sustancial importancia, faltaba lo que mis ojos no podían creer que ocurriría. Víctor que deja de tocar y se acerca a Raúl y se dispone a observarle con los brazos cruzados mientras Pipo y el bajista ralentizan el tema, y entonces Raúl realiza un solo de teclado espeluznante al que Lapido en el lugar que antes ocupaba Victor va respondiendo con su Gibson SG, y al cabo de unos segundos casi eternos poco a poco cada músico vuelve a ocupar su lugar y la canción crece en sonidos y fuerza para dejarnos exhautos y felices completamente entregados a semejante prodigio.

Pero por si eso fuera poco a continuación comienza “Zapatos de piel de caimán” y el delirio general ya es casi incontenible. Lapido lo debe notar e incluso permite que sea el público el que termine el verso “... de piel de caimán.” en un estallido de gargantas y palmas sobrecogedor. Luego una pausa que aprovecho para pedir otra cerveza, y se inicia el primer bis mediante la emotiva “Con la lluvia del atardecer” con la voz de José Ignacio acompañada únicamente por el teclado de Raúl. Vuelve a salir el grupo y le toca el turno a “No queda nadie en la ciudad” y ahora mismo no recuerdo el orden exacto de las siguientes ni cuándo llegó el segundo bis. Sólo sé que por primera vez en mi vida pude escuchar en directo “La noche que la luna salió tarde” y claro, imposible describir lo que sentí, o mejor dicho sentimos los presentes porque de nuevo fue únanime la respuesta del público. No hay suficientes palabras de agradecimiento por lo bien que lo estábamos pasando, y aunque el cansancio fuera haciendo mella afortunadamente aún quedaban fuerzas para la traca final. “En el laberinto” (¿o ésa ya la toco antes?) y de nuevo toda la sala vibrando, y cómo no, “Esta noche” y sobre todo ese himno imperecedero bestial y apabullante que lleva el nombre de “Qué fue del sigloXX” Imposible despedirse con algo más grande. El perfecto colofón para una noche mágica donde quedó demostrado que el grupo está en estado de gracia y cada vez suenan mejor, lo cual es una estupenda noticia para albergar esperanzas de que podamos seguir disfrutando mucho tiempo de su música, aunque (se me habia olvidado señalarlo anteriormente) como el bueno de Victor comentó cuando le tocaba el turno de presentar a Lapido una vez que él hizo lo propio con el resto de la banda: “componiendo, cantando, interpretando, pagando...” Pagando. Que a Lapido le cueste dinero realizar su obra es una injusticia más de esta absurda tecnocracia capitalista que confunde consumo con cultura.

Ojalá que a José Ignacio y su banda les siga compensando en el terreno emocional y artístico el seguir componiendo y subiéndose a un escenario por mucho tiempo, y que por supuesto lo de pagar no fuera necesario, o bien porque por fin buena parte de la masa social que se dice seguidora de la música rock se molestara en conocer precisamente lo que realmente significa esa música, o bien porque desde las administraciones públicas (sic) en lugar de subvencionar giras de “triunfitos” o Andys y Lucas, apostaran de una vez por la cultura musical en lugar de prostituirse por vano afán electoral insultando y faltando al respeto a las minorías cualificadas por los profesionales y entendidos en la materia. Por eso conciertos como los que ofrece Lapido son algo digno para celebrar y recordar, y congraciarse en estos tiempos tan difíciles con el maltrecho rock and roll.

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

GUTOGONG

GUTOGONG dijo

Magnífica crónica de los conciertos del Dios del Rock.

22 Abril 2006 | 05:48 PM

Miss Carrusel

Miss Carrusel dijo

vaya! he llegado aquí de casualidad y me encuentro con todo esto... josé ignacio lapido, luis garcía montero... me gusta este mundo. esta de puta madre ver que hay gente que valora la poesía, las letras que dicen cosas, aún hay gente que ama las palabras.

un placer haber estado por aquí.

Miss Carrusel

26 Abril 2006 | 05:34 PM

pedro j.

pedro j. dijo

y sin más,entre trazos perdidos de bruma apareció la luz,en dulce forma de Lapidiano.......Simplemente brillante.

29 Abril 2006 | 02:45 AM

lapidiano

lapidiano dijo

Muchísimas gracias por los comentarios. La verdad es que da gusto compartir impresiones sobre lo que la música de Lapido me transmite, y encontrarme con otras personas a las que le pasa lo mismo y valoran a un genio de la talla de José Ignacio como se merece.

Aprovecho para poner en la página principal los links correspondientes a las entrevistas que puse en la crónica para que puedan leerse sin dificultad.

Salud!

Ah, que se me olvidaba agradecer especialmente a Raquel las fotos que hizo de los conciertos y que son una pasada. Aparte están unos videos (sin audio que su cámara no daba para más :P) que ya colgaré y que reflejan el fabuloso ambiente que se vivió aquella noche en la Sala el Loco.

30 Abril 2006 | 12:55 AM

Filstrup

Filstrup dijo

Oh, vaya! Así que el maestro tocó en Valencia "La noche que la luna salió tarde". Qué jodío. Nadie de los presentes me lo había contado todavía. Yo es que no pude estar por cuestiones que no vienen al caso; espero verle aún alguna vez este año.

12 Mayo 2006 | 06:09 PM

Estars

Estars dijo

Acabo de llegar de fuera. No sabia del cambio de bajista del maestro. Por dios que vuelva Sergio. Ese chaval no sabe divertirse en escenario y desprestigia la imagen de Lapido. Será por bajistas y más en la ciudad que teneis de lujo, Granada.

14 Mayo 2006 | 12:38 AM

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